La planificación del tratamiento depende del tipo de linfoma y de su extensión. En ocasiones se puede optar por una vigilancia médica sin tratamiento, particularmente en los linfomas indolentes de los ancianos.
En líneas generales hay tres tipos de tratamiento, que son la quimioterapia, la terapia biológica y la radioterapia. El trasplante de médula ósea sólo se contempla en situaciones muy especiales. La cirugía no tiene, en principio, ningún papel en el linfoma a excepción de la cirugía para tomar una biopsia inicial o la cirugía en los linfomas gástricos.
Radioterapia
La radioterapia es un tratamiento que utiliza radiación para eliminar células tumorales. La radioterapia puede producir alteraciones en la piel sobre la que se aplica: enrojecimiento o descamación. Ocasionalmente puede producir un cansancio leve.
Además, puede dañar los órganos que están cerca del campo de radiación, como por ejemplo las gónadas (testículo u ovario), tiroides, pulmón, etc.
Quimioterapia
La quimioterapia es un tratamiento de fármacos para eliminar las células tumorales. La quimioterapia se considera un tratamiento sistémico ya que el medicamento es introducido al torrente sanguíneo, viaja a través del cuerpo y puede eliminar las células tumorales de todo el organismo. Generalmente se administra directamente en la sangre a través de una vena; a veces se administra directamente en el líquido cefalorraquídeo para eliminar las células malignas del cerebro y médula espinal.
Los medicamentos usados en la quimioterapia suelen producir efectos secundarios como pérdida temporal del pelo, lesiones en la boca, nauseas, anemia, riesgo de sangrado, riesgo de infecciones o alteraciones menstruales. Estos efectos secundarios desparecen al finalizar la quimioterapia.
La quimioterapia de intensificación con trasplante de medula ósea se debe considerar en situaciones especiales.
Terapia biológica
La terapia biológica o inmunoterapia consiste en administrar medicamentos para estimular al sistema inmunológico del organismo en su lucha contra el cáncer o que vayan dirigidos específicamente contra las células malas. Este es un campo de investigación que ha permitido avances espectaculares en el tratamiento de estas enfermedades.
Por ejemplo, se han creado de manera sintética anticuerpos contra el linfoma que actúan como “balas mágicas” para eliminar el tumor y no dañar el resto del organismo. Los anticuerpos monoclonales como el rituximab son uno de los avances terapéuticos más importantes; otras posibilidades son el interferón y la radioinmunoterapia.
Vigilancia estrecha sin tratamiento
La vigilancia estrecha consiste en realizar revisiones periódicas sin administrar tratamientos hasta que aparezcan síntomas. Es una opción adecuada para algunos tipos indolentes en ancianos.