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Actualizado: 7/7/2008
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  Diagnóstico

El cáncer de la vesícula biliar es difícil de detectar cuando es pequeño ya que puede no dar ningún tipo de síntomas. Cuando existen cólicos biliares por la presencia de cálculos o piedras en la vesícula y se realiza una extirpación quirúrgica de la misma (una colecistectomía) puede encontrarse como hallazgo un cáncer de vesícula insospechado clínicamente.

 

Desafortunadamente la mayoría de los tumores malignos de la vesícula biliar se diagnostican cuando ya son lo suficientemente grandes como para ocasionar ictericia o han dado lugar a metástasis o infiltración del hígado o de tejidos vecinos (intestino delgado, páncreas) o siembra tumoral en la cavidad abdominal.

 

Las exploraciones de imagen que permiten ver la vesícula biliar son:

 

a.- Ecografía abdominal

Se puede observar un engrosamiento de la pared vesicular o incluso una masa en su interior, fija, que puede diferenciarse de los típicos cálculos biliares, más pequeños y numerosos.

 

 

b.- Ecografía endoscópica

A diferencia de la anterior, que se realiza a través de la pared abdominal, en esta técnica se introduce un endoscopio hasta el estómago y primeras porciones del intestino delgado (duodeno). Esta técnica es mucho más sensible que la ecografía abdominal y se realiza cuando ya hay un alto grado de sospecha de esta enfermedad, para valorar el tamaño de la lesión e incluso la afectación de estructuras vecinas, como los vasos sanguíneos (vena porta), páncreas o ganglios linfáticos.

 

 

c.- TAC (tomografía axial computarizada o escáner abdominal

Permite ver mejor la zona de la vesícula biliar pero sobre todo el hígado y la zona del hilio hepático.

 

 

d.- RNM (resonacia nuclear magnética) abdominal

Es otra técnica de imagen de gran utilidad para ver esta zona anatómica del hílio hepático (zona de entrada-salida de los vasos sanguíneos y vía biliar del hígado).

 

 

e.- Colangiografía (inyección de contraste dentro de los conductos biliares)

Hay dos variedades, la percutánea transhepática o la endoscópica retrógrada.

 

 

f.- Análisis de sangre

También se deben de realizar análisis de sangre, para determinar el funcionamiento del hígado ( transaminasas, fosfatasa alcalina, bilirrubina) y la determinación de algunos “marcadores tumorales” como  CEA ( antígeno carcino-embrionario) y CA 19-1. Estos marcadores tumorales son sustancias proteicas que están en la sangre en pequeñas cantidades, habitualmente. Los tumores pueden ocasionar una elevación de los mismos, muy por encima de lo normal. Su determinación será de ayuda cuando se establezca el diagnóstico y se instaure un tratamiento, para observar que los niveles séricos se normalizan.

 

 

g.- Biopsia

El diagnóstico definitivo de la presencia de un tumor, como por supuesto el carcinoma de la vesícula biliar, es mediante la obtención de una biopsia. La biopsia puede obtenerse antes de tomar la decisión de una intervención quirúrgica, o durante la misma. También puede obtenerse mediante la punción con aguja fina (PAAF) de una masa tumoral, a través de la piel.

 

 

h.- Laparoscopia

La laparoscopia es un procedimiento quirúrgico que permite estudiar los órganos dentro del abdomen mediante una pequeña incisión en la pared abdominal e introduciendo un laparoscopio (una sonda delgada con iluminación). Mediante esta técnica poco agresiva se puede determinar si el tumor de la vesícula biliar se ha propagado o extendido a tejido de órganos vecinos y, por tanto, ayudar a tomar la decisión de realizar una extirpación quirúrgica o no.

 

 
 
 
   
 
   
 
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