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Actualizado: 25/7/2007
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  Cirugía

Pasos previos a la intervención

Técnica empleada

Efectos secundarios y recomendaciones

 

El tipo de cirugía que se puede aplicar en el cáncer de próstata, varía en función del tamaño, de la localización y de la extensión de la enfermedad a ganglios y/o órganos vecinos.

 

 

Pasos previos a la intervención

 

La cirugía a nivel de la próstata es una intervención quirúrgica mayor, por lo que es necesario un ingreso hospitalario durante un tiempo que puede variar de un enfermo a otro, pero por lo general suele oscilar entre una y dos semanas. Asimismo, es necesario una anestesia, que siempre será de tipo general.

 

Antes de la intervención, es preciso realizar un estudio denominado estudio preoperatorio que consiste, generalmente, en un análisis de sangre y de coagulación, un electrocardiograma y una radiografía de tórax. El resultado de estas pruebas son valoradas por el anestesista que determinará el riesgo del paciente en la anestesia.

 

Previamente a la cirugía, debe preguntar o recibir toda la información sobre la técnica quirúrgica mediante la cual va a ser intervenido, qué riesgos y complicaciones conlleva ese tipo de intervención, qué secuelas pueden permanecer y qué recomendaciones son las adecuadas para minimizar dichas complicaciones.

 

En la actualidad, es habitual que su médico le pida que lea y firme un documento, llamado consentimiento informado, donde consta reflejada toda esta información. En él reconoce haber recibido y comprendido la información expuesta y acepta dicho tratamiento. Es conveniente que esté seguro antes de firmar dicho documento y recibir el tratamiento.

 

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Técnica empleada

 

Se lleva a cabo mediante una intervención denominada prostatectomía radical. Se realiza como tratamiento definitivo y su objetivo es conseguir la curación del cáncer.

Generalmente, su indicación es, exclusivamente, para aquellos pacientes con enfermedad limitada a la glándula prostática.

 

Consiste en la extirpación de la glándula prostática por completo. Además, se extirpan también las vesículas seminales con las que se encuentra íntimamente relacionada, y en determinadas ocasiones, se hará una extirpación de los ganglios linfáticos regionales que sirven de drenaje a la próstata.


Una vez completada la extirpación, la vejiga de la orina y la uretra  quedan desconectadas, ya que también se extirpa la porción de uretra que atraviesa la próstata. A continuación, el cirujano procederá a unir estas estructuras mediante puntos de sutura, colocando además una sonda urinaria que deberá llevar durante unos días.

 

Tras la intervención, siempre y cuando todo discurra sin complicaciones, permanecerá hospitalizado durante unos días, generalmente una semana, al cabo de los cuales será dado de alta. Lo habitual es que se vaya a su casa con la sonda urinaria y los puntos de sutura de la herida quirúrgica.

 

Después de una prostatectomía radical desaparecerá la emisión de semen debido a que las estructuras extirpadas son las que lo producen, prácticamente, en su totalidad.

 

Actualmente, las técnicas quirúrgicas para practicar una prostatectomía radical son:

 

 

  • PROSTATECTOMÍA RADICAL RETROPÚBICA: se llega a la próstata a través del abdomen, realizando una incisión desde el ombligo hasta el pubis. Tras la intervención quedará una cicatriz en dicha zona. Su práctica es la más extendida actualmente.

 

  • PROSTATECTOMÍA RADICAL PERINEAL: en este caso la extirpación de la próstata se hace mediante una incisión practicada en el periné (área existente entre el ano y la bolsa escrotal que alberga los testículos).

 

  • PROSTATECTOMÍA RADICAL LAPAROSCÓPICA: consiste en practicar varias punciones en la cavidad abdominal que permiten colocar unos tubos (trocares) a través de los cuales el cirujano opera mirando las imágenes recogidas por una cámara en un monitor de televisión. Esta técnica permite extraer la próstata y vesículas seminales sin dejar herida quirúrgica. Tan sólo quedan unas pequeñas cicatrices correspondientes a las incisiones realizadas para situar los trocares.

 

 

 

Cuando el cirujano le recomiende alguna de estas técnicas, seguramente le explicará con profundidad los detalles de la misma. Este es un buen momento para que usted pregunte y exprese todas sus dudas. Disponer de la suficiente información evita la aparición de temores infundados.

 

 

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Efectos secundarios y recomendaciones

 

La prostatectomía radical, como ocurre en la mayoría de las intervenciones quirúrgicas, no está exenta de complicaciones y de efectos adversos, los cuales pueden presentarse con mayor o menor frecuencia tras la práctica de la misma. Habitualmente, estos efectos secundarios no son graves, pero pueden alterar su calidad de vida.

 

Cuando se despierte de la anestesia, es normal que sienta dolor en la zona de la intervención. Generalmente, el urólogo habrá dejado pautado fármacos que le aliviarán. Si el dolor no cede es importante que lo comente con el personal de enfermería o con el médico cuando le visite unas horas después de la cirugía. El dolor, en este caso, no indica problemas de recuperación sino simplemente que hay una herida.

 

Esta requerirá una serie de cuidados que son similares a los de cualquier cicatriz producida por otra causa. Mientras no se hayan retirado los puntos, el cuidado y limpieza de la misma, correrá a cargo del personal sanitario del hospital o del centro de salud. Una vez retirados, es aconsejable mantener una higiene similar a la del resto del cuerpo: lavado con agua y jabón.

 

Otras consecuencias más importantes y que pueden aparecer son las siguientes:

 

 

Estos efectos secundarios no son sólo debidos al tratamiento quirúrgico, sino también al tratamiento con radiaciones y al hormonal, por lo que se verán más ampliamente en siguientes apartados.


 

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