Nuestro organismo está constituido por órganos y estos a su vez por un conjunto de células, que se dividen de forma regular con el fin de reemplazar a las ya envejecidas o las que se van muriendo y mantener así la integridad y el correcto funcionamiento de los distintos órganos.
Este proceso está regulado por una serie de mecanismos que indican a la célula cuando comenzar a dividirse y cuando permanecer estable o cuando debe morir.
Si estos mecanismos se alteran en una célula, esta y sus descendientes inician una división incontrolada que con el tiempo dará lugar a un tumor o nódulo.
Cuando estas células, adquieren la facultad de escapar a los mecanismos de control del organismo e invadir tejidos y órganos de alrededor (infiltración) y de trasladarse y proliferar en otras partes del organismo (metástasis) se denomina tumor maligno, que es a lo que llamamos cáncer.

Cuando las células tumorales están ubicadas en el páncreas hablamos de cáncer de páncreas.

Este tumor maligno puede crecer de varias maneras:
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Crecimiento local: el crecimiento local de las células tumorales destruye progresivamente el páncreas pudiendo provocar una obstrucción de los conductos secretores. Según progresa el tumor, puede llegar a invadir otros órganos o estructuras cercanas como vía biliar (colédoco que va desde el hígado y vesícula biliar hasta el intestino), estructuras digestivas (estómago, duodeno, colon), bazo, grandes vasos y columna vertebral.
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Diseminación linfática: el cáncer de páncreas suele diseminarse de forma precoz a través de los vasos linfáticos. La diseminación por esta vía se realiza de forma ordenada, afectando primero a los ganglios más próximos y posteriormente a los más alejados.
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Diseminación hematógena: esta diseminación se produce a través de los vasos sanguíneos preferentemente hacia el hígado, y con menor frecuencia hacia los pulmones.
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